Nydia ocupa mandar un paquete.
Nos paramos en la carretera y alzamos los pulgares.
Steve se detiene, se presenta, nos considera amablemente para lo del aire: “is that too frío for you?” Nos cuenta que va a buscar pintura para su nuevo condominio. Le preguntamos si ubica el Fedex y contesta que no. Luego viene uno de esos silencios incómodos de aventón y Steve agrega: “friends tell me in Puertou Vailliarta DHL is the one to use”.
Me gusta que hable así de ellos: sin posesivo o cuantificador o como quiera que se llamen esas palabritas que solemos colocarle a los amigos.
Nos deja en el malecón y caminamos una hora hasta encontrar la paquetería. Es muy amarilla y la temperatura nos pone contentas. Mandamos las llaves y emprendemos el regreso.
Vamos disfrutando la brisa y la iconografíá hasta que en alguna callejuela me detengo.
Lorena y Ny me gritan qué pasa.
Las llamo con la mano y entramos las tres en el extraño pasillo.
Hay un mural.
(Autoría: 2ndo B)
A todas luces, retrata la cosmogonía puerto-vallartesca:


Tomamos con entusiasmo la foto al hombre moderno. Quizás ayude en nuestras disquisiciones nocturnas sobre novios, amantes, hermanos, amigos, abuelos.
Abuelos.
Tras un par de noches nos despierta un celular:
falleció el abuelo de Nydia anoche.
Desayunamos entre llamadas a aerolíneas y centrales camioneras. De nuestras mochilas Lorena y yo juntamos suficiente ropa negra. Ny se la pone y emprendemos de nuevo el viaje. No hay Steve ni nadie que se apiade de nuestra prisa y nuestros pulgares. Finalmente pasa un camión.
En el camión también otros callan.
La consigna es clara:

Moderamos comentarios durante toda la costera.
En el aeropuerto, boleto en mano estamos más ligeras y tenemos un par de horas por llenar.
Entonces sucede :

¡He encontrado al malo de la novela!

El entusiasmo ayuda hasta la hora del avión y será recuperado en cuanto me siente a escribir.
Por lo pronto Ny partió a Morelia. Lorena y yo volvemos a la playa donde el Duende nos espera con arroz y pescado. Esta vez los camiones sólo dicen cosas como “no suba a sus niños parados en los asientos” o bien “no arroje basura hacia el interior!” Nada demasiado sabio y se agradece.
Ahora es de madrugada y escucho durante horas la liturgia incuestionable del mar estrellándose en las rocas.
Un hombre ha muerto y es quizás por eso que no duermo.
(Callar de cerca, compartirse al centro, abrazar de lejos: friends share coordenadas.)
En mi arenosa confusión arraiga una certeza:
vagancia y nomadismo aparte,
mis amigos son mis puntos cardinales.
